Ayuda
Cómo funciona y cómo te protege
1. Qué es esta aplicación
Es una ventana para hablar con tu propio agente Univirtex, que vive en tu ordenador. No es un servicio de chat: no hay ninguna cuenta en la nube con tus conversaciones, y nadie más que tú puede leerlas.
Entre tu móvil y tu ordenador hay un buzón en Internet que solo guarda mensajes cifrados. Funciona como un buzón de correo al que le echas cartas dentro de una caja fuerte: el cartero las transporta, pero no puede abrirlas.
El recorrido de un mensaje
2. Vincular tu móvil
Solo se hace una vez por dispositivo. No necesitas inventarte ninguna contraseña ni copiar ningún código raro.
Vincular este dispositivo
Abre «Acceso remoto» en la aplicación de escritorio y escanea el QR que aparece. No hace falta ni usuario ni contraseña.
Lo primero que verás al entrar en un dispositivo nuevo
Paso a paso
- En tu ordenador, abre la app de Univirtex y ve a Acceso remoto. Te pedirá tu contraseña principal: es a propósito, para que nadie que pase por delante de tu equipo pueda vincularse un móvil.
- Aparecerá un código QR y, debajo, los mismos caracteres por si no puedes escanear.
- Apunta con la cámara del teléfono al QR: es un enlace a esta web y la cámara lo abre sola. Si ya tienes la web abierta, su botón Escanear el QR para vincular también lo lee.
- Elige un PIN de 4 a 8 cifras (te lo pide dos veces). Ya está: entras directo a la conversación.
El PIN de este teléfono
Protege lo que la app guarda en este teléfono: sin él no se puede abrir la conversación. No se puede recuperar, porque no está guardado en ninguna parte: si lo olvidas, pulsas «He olvidado el PIN» y vuelves a vincular escaneando otro código en el ordenador. Cinco fallos seguidos y el teléfono olvida el vínculo por sí solo.
En Ajustes → Bloqueo decides cuándo te lo pide: cada vez que cierras la app, o tras 1, 5, 15 minutos, 1 hora u 8 horas sin usarla. Entre medias entra sola. El botón «Bloquear» de arriba lo pide ya.
Un PIN de pocas cifras no sustituye al bloqueo de tu teléfono. Frena a quien lo coja de la mesa; a quien copie lo que hay dentro le cuesta horas o días de probar combinaciones, no le resulta imposible. Ten el teléfono con su propio bloqueo, y el PIN encima.
El QR caduca a los 3 minutos y solo sirve una vez. Si se te pasa el tiempo, genera otro desde el ordenador. Esa caducidad corta es justamente lo que impide que alguien que viera tu pantalla de refilón lo aproveche más tarde.
Antes de abrir la cámara verás un aviso explicando qué se hace con el vídeo. Las imágenes no salen de tu móvil: se analizan en el propio teléfono para leer el QR y se descartan. No se graba ni se envía nada.
3. Hablar, adjuntar y dictar
El clip adjunta ficheros; el micrófono graba una nota de voz
- Adjuntar (clip): imágenes y documentos. También puedes arrastrarlos al chat o pegar una captura con Ctrl+V.
- Notas de voz (micrófono): pulsa para grabar y pulsa otra vez para adjuntarla. Máximo 3 minutos.
- Respuestas habladas: en Ajustes → Voz puedes activar que te lea las respuestas en voz alta. Usa la voz de tu propio móvil, así que no gasta datos y el texto no sale del dispositivo. Lee lo que dice y no cómo está escrito: se salta las marcas de formato, los emojis y los bloques de código (dice «código omitido»), y de una dirección solo lee el nombre del sitio. Las respuestas largas se leen frase a frase; de una muy larga (más de unas seis mil letras) se lee el principio y el resto queda en pantalla. Mientras suena, una barra verde «Leyendo en voz alta · Toca para parar» aparece encima de la caja de escribir: tócala y calla; bloquear la app o apagar la voz también la corta. Si no oyes nada, en Ajustes → Voz está «Probar la voz»: dice una frase y te enseña cuántas voces tiene tu teléfono; si ni eso suena, es el volumen o, en iPhone, el modo silencio. Y la primera vez que suena hace falta haber tocado la pantalla antes (lo exige el iPhone).
- Instalarla como aplicación: el botón «Instalar como aplicación» está en la pantalla de entrada y en Ajustes → Aplicación. Si tu navegador no ofrece instalarla, el botón te dice qué tocar en su menú (Chrome: ⋮ → «Instalar aplicación»; Samsung: ≡ → «Añadir página a»; iPhone: Compartir → «Añadir a pantalla de inicio»), y si el menú tampoco lo ofrece, que ese sistema no permite crearla. Ojo: desde una web abierta dentro de otra app (el lector de QR, un chat) no se puede instalar; ábrela en el navegador.
- Debajo de cada cosa que mandes, lo que el agente hizo con ella: si la foto la vio el modelo con el que hablas o la describió el árbitro, qué entendió de la nota de voz, si leyó el fichero o solo lo guardó. Si no pudo, lo dice, en vez de contestar como si lo hubiera visto.
- Avisos: en Ajustes → Avisos, «Avisarme cuando conteste». El aviso pasa por el servicio de notificaciones de tu sistema (Google o Apple) y por eso no lleva texto: solo dice que hay respuesta. En iPhone funciona con la app añadida a la pantalla de inicio.
Las fotos se optimizan antes de enviarse: se reducen a un tamaño que el agente aprovecha igual de bien y ocupan mucho menos. De paso se les quitan los metadatos, incluida la ubicación donde se tomaron.
En el menú «Tu agente» puedes ver, en solo lectura, qué modelos tiene configurados y qué tareas sabe hacer. Desde aquí se consultan, pero no se cambian: eso se decide en tu ordenador.
4. Cómo se protegen tus mensajes
La llave
Al vincular, tu ordenador crea una llave aleatoria y la mete dentro del código QR. Al escanearlo, la llave pasa del ordenador al móvil por la cámara, sin pasar por Internet.
Eso significa que el buzón nunca ha tenido tu llave y no puede tenerla. No es que prometa no mirar: es que no tiene con qué.
Por qué una llave aleatoria y no una contraseña
Una contraseña se puede adivinar probando millones de combinaciones. Esta llave es un número al azar tan grande que no existe forma de acertarlo: hay más combinaciones posibles que átomos en la Tierra. No hay nada que adivinar.
Qué le pasa a cada mensaje
- Escribes el mensaje en el móvil.
- Tu móvil lo cierra con la llave, ahí mismo, antes de enviarlo.
- El buzón recibe un bloque ilegible y lo guarda tal cual.
- Tu ordenador lo recoge y lo abre con la misma llave.
- La respuesta hace el camino inverso, también cerrada.
El texto legible solo existe en tus dos dispositivos. En ningún punto del recorrido aparece en claro.
El cifrado además detecta manipulaciones: si alguien alterase un solo carácter de un mensaje guardado, al abrirlo daría error en lugar de mostrar algo cambiado. No se puede falsificar sin que se note.
Tu ordenador no abre ninguna puerta
Podría parecer que hace falta «abrir» tu ordenador a Internet para que le lleguen los mensajes. No es así. Es tu ordenador el que sale a preguntar cada pocos segundos si hay algo nuevo, igual que cuando abres una página web. Nadie desde fuera puede conectarse a él, porque no hay nada esperando conexiones.
Y mientras tengas la aplicación bloqueada, el agente deja de descifrar y de responder hasta que la desbloquees.
5. Quién puede ver qué
| Quién | ¿Puede leer tus mensajes? |
|---|---|
| El servicio que aloja el buzón | ❌ |
| Quien consiguiera copiar la base de datos entera | ❌ |
| Quien espíe la conexión a Internet | ❌ |
| Quien te robe el móvil bloqueado | ❌ |
| Tú, en tu móvil y tu ordenador | ✅ |
En el buzón, cada mensaje es una fila con un identificador anónimo, la fecha y un bloque cifrado. No hay nombres, ni asuntos, ni texto, ni nombres de fichero.
6. Lo que esto NO protege
Ningún sistema lo protege todo. Estas son las limitaciones reales:
- Se sabe que hablas, aunque no qué dices. El buzón registra cuándo llega cada mensaje y cuánto ocupa. Con eso se puede deducir a qué horas usas el agente o si has mandado un fichero grande, pero nunca el contenido. Le pasa a cualquier sistema de mensajería, incluidos los más conocidos.
- Un móvil desbloqueado en malas manos. Si alguien coge tu teléfono ya desbloqueado, puede leer la conversación como la lees tú. Por eso conviene activar el desbloqueo con huella o Face ID.
- Si pierdes la llave, se pierde el contenido. Es la otra cara de que nadie más pueda leerlo: no hay nadie a quien pedirle una copia.
7. Copias de seguridad
No recopilamos ningún dato de tus comunicaciones: el servidor solo almacena texto cifrado que no puede leer, y no hay analítica ni seguimiento de ningún tipo.
Como consecuencia directa, respaldar las conversaciones es responsabilidad de cada usuario. Nosotros no tenemos una copia que darte, ni podríamos leerla aunque la tuviéramos.
Tus conversaciones remotas también quedan guardadas en el historial de la app de escritorio, cifradas con tu bóveda. Esa es la copia que conviene incluir en tus respaldos habituales del ordenador.
8. Si pierdes el móvil
Lo primero: el teléfono perdido tiene el PIN delante. Pasado el tiempo de bloqueo que tuvieras puesto, lo que queda dentro es el vínculo envuelto con el PIN, y cinco intentos fallidos lo borran. Eso da margen; no es para siempre.
- En el ordenador, en Comunicaciones, pulsa Desvincular y vuelve a vincular los teléfonos que sigas usando con un QR nuevo. Cada vinculación crea una cuenta y una clave nuevas: el teléfono perdido se queda hablando con una cuenta que el ordenador ya no atiende.
- Si entraste alguna vez con usuario y contraseña, cambia la contraseña desde el ordenador y, en cualquier dispositivo que siga dentro, usa Olvidar este teléfono para cerrar también esas sesiones.
No pierdes las conversaciones: tu ordenador conserva la llave y el historial.
En la propia pantalla de acceso hay un botón rojo, «Borrar sesiones y datos de acceso», que limpia únicamente ese dispositivo. Úsalo si prestas o vendes un teléfono.